En cada flanco de la parte frontal, una pequeña estatua de la Virgen María y otra del Corazón de Jesús reciben a los nuevos internos en la Penitenciaría Nacional de La Victoria. Cada imagen está colocada casi sobre los escudos pintados en la pared de la Policía Nacional y otro del Ministerio Público y de la Dirección General de Prisiones. Arriba, en el techo, tres mástiles, uno ocupado por la Bandera Nacional y otro por el de la Policía, completan la fachada principal de la vieja fortaleza. El otro mástil siempre está vacío.
Al cruzar la reja corrediza de metal y la caseta de control, de frente, a mano izquierda, están el almacén y un dispensario de botellones con agua. En el segundo piso la oficina del Economato, el despacho del coronel Marino Carrasco, el jefe de la seguridad y el oficial de mayor rango de la prisión; y la oficina del alcaide Gilberto Nolasco, la máxima autoridad del penal, el área de registro y de la administración. En el extremo izquierdo está el cuartel donde duermen los policías, y en el ala contraria, a la derecha, la oficina de recursos humanos de la Policía, Asuntos Jurídicos y el cuartel de oficiales.
Al 2 de marzo pasado, la población exacta de internos de La Victoria era de 8,023, de los cuales 6,064 estaban en calidad de “presos preventivos”, un 75% del total de internos al 29 de febrero pasado según la Dirección General de Prisiones. Incluyendo a 282 extranjeros en el penal, el número de personas excede en 300% el espacio que puede ocupar por metro cuadrado de la prisión, que llega a 4,587 m≤.
Para el 29 de febrero, 24,967 personas guardaban prisión en alguno de los 39 recintos penitenciarios del país, 19 del modelo tradicional y 20 del nuevo modelo, según datos confiados a LISTÍN DIARIO por Prisiones. 1
Después de México, la Penitenciaría Nacional de La Victoria es la segunda más poblada de América Latina de acuerdo con Prisiones, que además señala que en República Dominicana, la proporción entre personas detenidas y número de habitantes del país es de 248 por cada 100,000 personas (231 de acuerdo con el International Centre for Prison Studies, ICPS, una organización dedicada al estudio del estado penitenciario mundial).
La cárcel tiene 12 pabellones y otras áreas bien identificadas: “Alaska”, el “Consulado” y “Los Galpones”, en el ala Sur; y el pabellón de los “Enfermos” o “Área Médica”, en el ante-patio; los “Pasillos”, desde la A hasta la F, “Vietnam”, numerados del 1 al 8, pasando el Patio, y el “Hospital”, y dentro de ésta “Las Malvinas”, en el extremo Norte. 2
Todos los pabellones pueden verse desde lo alto de una torre erguida en el centro del penal como un gigante abandonado. Una escalera de metal, ubicada en lo que alguna vez fue el mismo centro de la fortaleza es el único acceso al lugar, y tan vieja que sus tres últimos peldaños, oxidados y roídos, crujen con el peso del que debe subir para vigilar la Penitenciaría desde esa posición cuando llega la noche. Es un espacio maloliente y pequeño; oscuro y sucio. Abajo se ven las áreas comunes que pertenecen a cada pabellón, el laberinto de pasillos, el túnel que conduce del patio principal a la zona suroeste de la prisión, los toldos que cubren los pequeños negocios y la marea multicolor de internos, muchos de ellos semidesnudos, deambulando de un lado a otro como en una pequeña ciudadela.
Desde la torre también se ven, camufladas, las dos viejas ametralladoras M-60 que protegen desde el segundo piso el cielo de La Victoria, las poderosas “tumba-aviones”, según Brand, el oficial que junto a Peralta, el custodio de turno, observa la aparente tranquilidad del mediodía, algunos metros más abajo.
Una pelea en el “Hospital” confirma la permanente tensión que se vive en el penal. Uno de los internos involucrados es traído esposado a la entrada principal de la fortaleza, donde hay un recibidor, la casa de guardia principal, una suerte de carceleta, y la escalera al segundo piso. El hombre se envalentona, levanta la voz y se queja porque según él, siempre paga sus deudas en el juego y esta vez su contrincante no le quiere pagar, y que por eso lo golpeó. Ramírez, el policía, que lo trajo, le explica al coronel Carrasco la razón de por qué lo condujo de esa forma: “¡Si está así, esposado, imagínese si lo tengo libre!”. Pero Carrasco ya ha decidido qué hacer con él: “Se va de aquí”, sentencia, porque es uno que da problemas.
Horas antes, Carrasco comentaba que a las 6:00 de la mañana ya se están contando a los que van a la justicia. Va y viene la gran mayoría; en los nuevos ingresos nunca, o casi nunca, pasan de 40. Cuando más llegan a la prisión es en los meses de Navidad y el 60 por ciento lo hace por homicidio y por drogas según el oficial, pero “todos los peligrosos están identificados”.
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