jueves, 31 de marzo de 2016

Con el enemigo dentro de la casa

El último de los masivos atentados suicidas llevado a cabo por europeos miembros de minorías musulmanas, ha causado tal escándalo que la prensa internacional lleva más de una semana escribiendo diariamente sobre la masacre, que dejo 32 muertos y cientos de heridos.
Con el enemigo dentro de la casa
Demos por sentado que tales acciones no deben suceder en lugares donde los estándares de vida son superiores, muy superiores, a los de aquellos países donde la política y la vida son controlados, por completo, por los líderes y preceptos religiosos.
Pero el Ejército Islámico, cada día más presionado por los ataques de los aliados y por la pérdida de terreno en Siria e Irak, no tiene nada de tonto. Ha aprovechado la ola de migrantes o refugiados rumbo a Europa para filtrar a sus seguidores, cuyas mentes tienen la certeza de que “morir por la causa” les convierte en mártires.
Lamentablemente, y por más que los líderes musulmanes insistan en que el Corán no apoya la violencia religiosa, la realidad es que los extremistas han utilizado las enseñanzas en las mezquitas como un arma contra “el enemigo Occidental”.
Aderecemos el mal con mucha o poca discriminación, en generaciones que se consideran “occidentalizadas”, pero alienadas por los sistemas, y tenemos el plato perfecto para que un buen lavado de cerebro sirva para que, en el caso de algunas mujeres jóvenes, se hayan atrevido a viajar hacia terrenos controlados por los yihadistas.
Los hombres jóvenes mueren por la causa y las jóvenes pasan por un calvario inenarrable, informando, las pocas que logran escapar, sobre violaciones múltiples y permanentes, encarcelamientos, asesinatos a golpes, decapitaciones y un largo etcétera. Lo extraño de todo esto es que siguen los viajes, usualmente vía Turquía, hacia terrenos del Ejército Islámico, y continúan llegando los refugiados hacia Europa.
No solamente los del EI, también están los de Al Qaeda, quizás con menos protagonismo que los primeros, pero con igual efectividad en sus acciones suicidas.
Otro factor a tomar en cuenta es que algunos países europeos poseen una población de inmigrantes musulmana de diferentes orígenes.
Por ejemplo, Holanda integra a los indonesios; Inglaterra también integra a los pakistaníes en tanto que Bélgica básicamente recibe a los congoleses y Francia a los nativos de Nigeria, Marruecos, Mauritania y Argelia. La diferencia entre los dos primeros y los dos segundos es el problema de una integración plena.
Las fronteras siguen siendo porosas, los jóvenes no se sientes valorados y no se visualiza una solución a corto plazo para esta violencia demasiado conocida en Oriente.

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