El poder es uno de los conceptos que, aunque nos hace pensar en grandes imperios y triunfos, no es más que un conglomerado de miserias humanas y de fracasos personales. Es amenazador y destructivo por naturaleza. Se utiliza en el mundo de la política, en donde quien lo tiene hace lo que le da gana. En un análisis muy secreto de Adolfo Hitler, se dijo que éste incurría en prácticas sexuales altamente desviadas, (no convencionales), lo que pudo contribuir al hecho de que de las ocho mujeres con las que tuvo relaciones durante toda su vida, tres se suicidaran y dos intentaran hacerlo. Era un poder destructivo, era el poder de herir, de dañar... El uso del poder a veces destruye el poder. Tenía un poder sobre ellas que no les permitía replicar, huir, defenderse..., solo obedecer. Sus discursos exaltados y casi histéricos pudieron revelar algún profundo desorden interno.
Hay otros que aparentan ser personas de familia, felices y exitosos religiosos, pero si observamos con detenimiento, nos damos cuenta de que son poderosos brutales, verdaderos monstruos. Esa es la parte oscura del poder, esa que se distingue por el sentido de invulnerabilidad, que elimina cualquier tendencia de mostrar preocupación por las concuencias de una acción en particular. Actúan con verdadera hipocresía. La concentración patológica del poder se produce debido a lo llamado “principio de Mateo”, que consiste en que al que tiene se le dará más y al que no tiene, aun aquello que tiene le será quitado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario