En la Vocacional ya empezó el operativo médico organizado por el Ministerio sin Muros de IBI (Iglesia Bautista Internacional). Es un sábado de febrero. Una pizarra a la entrada de la dirección anunciaba hace unos días la fecha y el destinatario de la jornada: “Internos de esta escuela con problemas de salud”. Están en lista 87 hombres con necesidades reales. Al frente del operativo está Enrique Crespo, director de Misiones de IBI, y seis médicos: tres generales, un oftalmólogo y una odontóloga, todos integrantes de la iglesia. La misión de hoy, dice Crespo, “mostrarles el amor de Dios, predicando el Evangelio y llevando también sanidad al cuerpo”.
Misiones como ésta se realizan una o dos veces por año, coordinados con la autoridad del penal. En la sala de informática habilitada para las consultas, la doctora Sharmine Disla, especialista en traumatología, dice que en tres horas de trabajo ha visto “mucha necesidad”. La mayoría llega por problemas tópicos debido seguramente al agua, respiratorios (con mayor incidencia en los internos dedicados a la ebanistería) y de riñones. Disla dice que los internos deberían ser llevados a un hospital una vez por semana, y que la mayoría requiere ser auscultado por un especialista. Por lo menos óagregaó debiera haber en el penal: un neumólogo, un cardiólogo, un urólogo, un traumatólogo, un nefrólogo y un endocrinólogo.
A Miguel Minaya, a quien atiende ahora, le da algo de Profired para los riñones (ha tenido sangrado hace unas semanas); Terbix para que se trate un hongo en el pie y antialérgicos para la sinusitis. “Complejo B y desparasitantes se lo estamos dando a todos”, afirma la voluntaria de la IBI.
El “colaborador” del área de salud, lista en mano, dice que del 1 de enero al 15 de noviembre del 2015 se hicieron 13,405 consultas en La Victoria: 1,500 atendidos por tuberculosis: baciloscopías (pruebas); entre 50 y 60 pacientes semanales en consultas psicológicas, un promedio de entre 60 y 70 pacientes atendidos cada semana. También se logró que vengan al penal 10 médicos y 5 enfermeras pasantes (de estas últimas hay tres fijas) y un Plan Médico Integral iniciado en agosto del 2014 consiguió lo que no se hacía hasta entonces: la elaboración y registro de récords médicos.
Además, se reorganizó el equipo de apoyo en el área de salud y ahora en cada área hay un interno encargado y se logró el mantenimiento de consultas con médicos especialistas (urólogo, dermatólogo, cardiólogo, gastroenterólogo, neurólogo, psicólogo). “Sacar a tiempo a pacientes que deben ir a hospitales, antes era un caos; ahora se atiende 24/7”, dice Minaya, que destaca además la disponibilidad de una ambulancia, de más custodios, referimientos médicos que antes duraban hasta un mes y consultas fijas gratuitas todas las mañanas, igual que, si hay, la entrega de medicamentos.
Este mes, en el “área médica”, están en reclusión 54 portadores de TBC en tratamiento. También hay 18 enfermos mentales. Son 118 en total, incluyendo a heridos y portadores de VIH. En tiempos del cólera hubo más de cien enfermos en el patio y en los pasillos, donde se sentaban en cubetas para defecar; nada más tomaban agua (cuatro más morirán en marzo de este año por la misma enfermedad).
“Las condiciones que uno puede tener no son cien por ciento óptimas, pero se hace lo que se puede”, dice el doctor Francisco Zarzuela Nova, 55 años, médico general condenado a 8 años por mala práctica. El galeno ha cumplido dos y siete meses y desde que llegó colabora con el penal luego de que, conocido de un coronel, habló con la encargada y logró que le hicieran un lugar. “Hoy yo me he ganado el puesto”, dice el único doctor, con 25 años de experiencia afuera, que atiende en el área médica todos los días.
De hecho vive aquí; duerme en el mismo lugar que el “representante” del área. Su horario va de 7:00 de la mañana a 7:00 de la noche, y a veces más tarde. Zarzuela dice que la medicina general es la de mayor demanda y que la mayoría de asistencias tienen que ver con pacientes que hacen crisis asmáticas. Los heridos reciben atención inmediata y luego son transferidos a los hospitales.
Una de las situaciones más difíciles que le tocó al doctor fue el motín de octubre del año pasado, cuando hubo un muerto y varios heridos. Uno de ellos, el que finalmente murió, “tenía una bomba lacrimógena metida en un costado”. En otros casos, ha atendido luxaciones de hombros, heridas en el cuello (cortadas muy comunes) pero ningún muerto visto en todo su haber, salvo el que trajeron del “Patio”, asesinado; uno que tenía VIH, y a los que murieron (cuatro o cinco) fuera del penal, durante la crisis del cólera pese a toda la atención que pudo darles dentro. “He tratado de demostrar lo que yo sé, y respetar a los demás. No le he fallado a nadie”, asegura Zarzuela.
Grace Butter, administradora de empresas de profesión, trabaja en la fundación Génesis, que se ocupa sólo de VIH y TBC en La Victoria, “problemas con los que nadie quiere trabajar”. Están desde el 2001 en coordinación con la fundación Health Through Walls, fundada por John May en Florida, en 1983, y lograron que se instalara la unidad de salud.
“En La Victoria está todo el mundo mezcladoÖ Algunos llegan sanos y se van enfermos”, dice Butter. Lo organización aportó una hoja de registro que ahora usa el Ministerio de Salud con algunas variantes (hicieron un estudio con 100 internos, con ocho preguntas básicas). Génesis trabaja esencialmente en “gerencia de salud” y con 25 promotores de salud, 15 de los cuales reciben entrenamiento. La voluntaria asegura que la necesidad actual es el trabajo con los transexuales, uno de los tres grupos focales de mayor preocupación junto con los haitianos y la pobreza extrema. “A la cárcel se le da un privilegio que otros no tienen (con respecto a la analítica de casos)”, dice Butter, pero sólo porque el dentista aún se niega a intervenir si no se confirma el estado del paciente.
Génesis tiene 1,157 portadores “activos” de VIH; el grueso de los afectados son heterosexuales. El mes pasado se “testearon” a 57 internos y dos dieron positivo. Entre enero y julio del 2015 hubo 1,430 testeos: 33 dieron positivo. La experta, que advierte que hay mucha sífilis en el penal, dice que los hijos de los internos no deberían entrar por todas las enfermedades que hay, y que también debería prohibirse el ingreso de productos comestibles crudos.
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